Cómo fotografiar negativos con la cámara

· 5 min de lectura · Fran Yitani

Fotografiar un negativo es una copia: estás haciendo una foto de una foto. Todo lo que hagas mal aquí —una luz desigual, un desenfoque, un balance de blancos equivocado— se queda en el archivo y no hay dial que lo saque después. Todo lo que hagas bien te lo ahorras luego. Esta es la lista de lo que importa, en el orden en que importa.

1. La luz: uniforme, blanca y por detrás

El negativo se ilumina por transparencia, nunca de frente. Sirve una tableta o un móvil con la pantalla en blanco al máximo de brillo, un panel LED de los de dibujar, o una caja de luz. Lo que necesitas de esa luz son dos cosas: que sea uniforme en toda la superficie del fotograma (si un lado está más iluminado, el positivo saldrá con un degradado que parecerá un fallo de revelado) y que sea blanca de verdad. Los LED baratos tienen huecos en el espectro, sobre todo en el rojo, y ese hueco se nota en la piel. Si puedes elegir, un panel con índice de reproducción cromática alto (CRI 95 o más). Si no, la pantalla de una tableta moderna es sorprendentemente buena.

Deja un par de centímetros entre la luz y el negativo. Pegado a la pantalla se fotografían los píxeles; separado, la luz se difumina y desaparecen.

2. Apaga el resto de luces

Cualquier luz que caiga sobre el negativo por delante —una ventana, la lámpara del techo— se refleja en la emulsión y lava los negros. Habitación a oscuras, o al menos el negativo a la sombra de todo lo que no sea tu fuente de luz. Los reflejos se ven fácil: mira la pantalla de la cámara antes de disparar y busca brillos que no sean de la foto.

3. El negativo, plano y quieto

Un negativo curvado se enfoca por partes: el centro nítido y los bordes no, o al revés. Un soporte que lo sujete por los bordes lo resuelve; los hay baratos, y para una tira de 35 mm sirve incluso un cartón con una ventana recortada y dos gomas. Lo que no sirve es ponerlo suelto sobre la pantalla: se curva, se mueve al mínimo roce y recoge polvo de la superficie.

Quítale el polvo antes de fotografiarlo con una pera de aire o un pincel suave. Nunca soplando con la boca: la saliva deja marcas que sí son para siempre.

4. La cámara, paralela y enfocada al grano

La cámara tiene que estar paralela al negativo. Si está inclinada, una parte del fotograma queda más lejos que la otra y no hay diafragma que enfoque las dos. Un trípode o un soporte de copia, un nivel de burbuja (el móvil tiene uno), y comprueba que los cuatro bordes del fotograma se ven igual de nítidos.

Necesitas acercarte mucho: un negativo de 35 mm mide 36 × 24 mm. Un objetivo macro que llegue a 1:1 es lo ideal; unos tubos de extensión en un objetivo normal, lo asequible. Enfoca a mano, con la ampliación de la pantalla al máximo, sobre el grano, no sobre la escena: cuando ves el grano nítido, la foto está enfocada.

Diafragma entre f/5,6 y f/8. Más cerrado empieza la difracción y pierdes lo que ganaste enfocando; más abierto y los bordes se te van. ISO base y el tiempo que haga falta: la cámara está en un trípode y el negativo no se mueve.

5. Encuadra con un poco de rebate

Deja a la vista el borde del negativo —el rebate, la franja naranja con los números de fotograma y el nombre de la película—. Es la referencia del color de la película tal cual, sin exponer, y además lleva el dato de qué carrete es. Un negativo fotografiado justo al fotograma, sin borde, pierde eso y no lo recupera. Con un 3-5 % de rebate por lado es suficiente; el encuadre se recorta después, cuando quieras.

6. La exposición: que no se queme la base

Un negativo es sobre todo naranja, y el naranja es rojo. Si expones «a ojo» por el centro de la foto, el rojo del rebate se quema, y una base quemada no se puede recuperar. Mira el histograma de la cámara: el rojo no puede tocar la derecha. Si lo hace, baja un tercio de paso. Es preferible un negativo un poco oscuro, que se puede subir, a uno con la base quemada, que no se puede bajar.

7. El balance de blancos, sobre la base naranja

Esto es lo que separa un positivo limpio de uno que tira a magenta. Si guardas en JPEG, haz un balance de blancos personalizado apuntando al rebate, a la parte del negativo sin exponer, y déjalo puesto para todo el carrete. Con el balance de luz de día el azul llega aplastado, y ese color no vuelve después. Por qué pasa y cómo se hace en cada cámara está en la guía del balance; es un minuto por carrete y lo cambia todo.

Si tu cámara guarda RAW, el balance se puede ajustar después sin perder nada. En un JPEG es ahora o nunca.

8. El archivo: JPEG en calidad máxima

JPEG al mayor tamaño y la menor compresión que ofrezca la cámara. Nada de «tamaño pequeño para que cargue rápido»: la resolución que le quites aquí no vuelve. Y el negativo derecho: lo que fotografíes torcido saldrá torcido, y enderezarlo después cuesta píxeles en los bordes.

La lista, para tenerla al lado

Con esto hecho, el revelado es lo fácil.

Pruébalo con un negativo tuyo, gratis. Lo revelas entero en pantalla, con todos los diales, sin instalar nada y sin que la foto salga de tu equipo.

Abrir el revelador